En Medio de “Familias Cristianas Enlatadas” una Palabra Lúcida y de Bendición

 

 

En Medio de “Familias Cristianas Enlatadas” una

Palabra Lúcida y de Bendición

Palabra Pastoral 726

Vivimos días en que ciertas etiquetas se lanzan como si fueran ofensas. Una de ellas es: “conservadores enlatados”. La intención es descalificar, ridiculizar, sugerir atraso o falta de sensibilidad cultural. Pero quizá sea posible mirar esa etiqueta desde otro ángulo. Tal vez revele más de lo que los propios críticos imaginan.

Un alimento enlatado no es viejo. Está preservado. No fue descartado. Fue considerado demasiado valioso para perderse. Fue separado, protegido y sellado para resistir el paso del tiempo y el deterioro. En ese sentido, ser llamado “enlatado” puede ser, en realidad, un elogio.

Por supuesto, todos valoramos los alimentos naturales, frescos y saludables. Son deseables y, en condiciones normales, deben priorizarse. Pero hay contextos en los que esos alimentos simplemente no están disponibles. En escenarios de crisis, de escasez y de guerra, lo que sostiene vidas no es lo ideal, sino lo preservado. En esas horas, el alimento enlatado deja de ser una alternativa y pasa a ser salvación.

Los valores en los que creemos no son fruto de una moda ni de una construcción cultural reciente. Proceden de Dios. Por eso no envejecen, no caducan y no necesitan ser actualizados para seguir siendo verdaderos. En un mundo que relativiza todo, conservar aquello que Dios estableció es un acto de fidelidad.

Hay verdades que Dios no entregó a la sociedad para que las redefina, sino a la iglesia para que las guarde: la santidad, la fidelidad, la dignidad de la vida, el valor de la familia, la centralidad de las Escrituras. Ser “enlatado”, en este sentido, es asumir: esto me fue confiado, y no lo voy a negociar.

Curiosamente, los alimentos enlatados no surgieron en tiempos de comodidad, sino en tiempos de guerra. A comienzos del siglo XIX, Nicolas Appert desarrolló un método de conservación para atender la necesidad de alimentar ejércitos en largas campañas, especialmente en el contexto de las guerras lideradas por Napoleón Bonaparte. Alimentos preservados significaban supervivencia. Comida que se echaba a perder significaba derrota.

Este dato histórico arroja luz sobre nuestra realidad espiritual. Hoy vivimos una intensa guerra cultural y espiritual. Hay una batalla abierta contra la verdad, contra los valores bíblicos, contra los límites establecidos por Dios, contra la autoridad de las Escrituras. No es tiempo de descuido. No es tiempo de neutralidad. Es tiempo de preservación.

En este escenario, creyentes “enlatados” no son un problema. Son esenciales. Personas guardadas en la Palabra, selladas por el Espíritu, firmes en sus convicciones y estables en su carácter se convierten en instrumentos de Dios para impedir que la fe desaparezca en la próxima generación.

Cuando Jesucristo afirmó: “Vosotros sois la sal de la tierra”, estaba diciendo que sus discípulos tendrían una función parecida a la de la sal en el mundo antiguo: retardar el deterioro. Donde hay sal, la corrupción no avanza libremente. Donde hay creyentes fieles, el mal no encuentra un terreno totalmente desprotegido.

Esto también trae un desafío. Un alimento mal enlatado se estropea. De la misma manera, un cristiano que confiesa valores, pero vive de modo incoherente compromete el testimonio. Ser preservado por Dios exige vida íntegra, humildad, amor y coherencia entre fe y práctica.

Tal vez, entonces, debamos responder a la etiqueta con serenidad: Sí, somos “conservadores enlatados”. Preservados por Dios. Sellados por el Espíritu. Guardianes de valores eternos.

En un mundo que descarta todo rápidamente, Dios escogió un pueblo para conservarlo. Y eso no es vergüenza. Es privilegio y desafío.

Fuente: Marcos Vieira Monteiro Fortaleza, 17/02/2026; Redacción: VM-Ar, 22.2.2026

Reflexiones: 

Estamos viviendo días difíciles. Cada vez es más común ver burlas contra la fe, falta de respeto hacia Jesucristo y ataques directos a los valores que por generaciones sostuvieron nuestras familias. Lo que antes se respetaba, hoy se ridiculiza. Lo que antes era considerado santo, hoy se usa como motivo de escarnio.

Pero la Palabra de Dios ya nos había advertido que esto sucedería.

El Señor Jesús dijo: Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros (Juan 15:18).

No debemos sorprendernos. La persecución, la burla y el desprecio hacia el pueblo de Dios no son señales de que Él haya perdido el control. Son señales de que Su Palabra se está cumpliendo.

El enemigo siempre ha tenido una estrategia clara: atacar a Cristo, atacar la Palabra y destruir la familia. Porque cuando se debilita la familia, se debilita la sociedad. Desde el principio, Satanás ha intentado distorsionar lo que Dios estableció en el Edén. Hoy vemos cómo se promueve la confusión, se desprecia el diseño de Dios para el matrimonio y se ridiculizan los valores bíblicos.

La Escritura nos dice: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). 

No estamos frente a simples cambios culturales. Hay una batalla espiritual. Hay una intención clara de borrar los límites establecidos por Dios y de enfriar la fe de muchos. 

Pero también debemos mirarnos a nosotros mismos. El peligro no es solo la persecución externa. El peligro es volvernos tibios o de seguir enseñanzas que no son bíblicas.

En Apocalipsis 3:16 el Señor advierte: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

La tibieza espiritual es más peligrosa que la oposición del mundo. El mundo puede burlarse, pero el verdadero riesgo es que nosotros dejemos de orar, dejemos de reunirnos, dejemos de enseñar la Palabra en casa.

La tibieza debe ser vencida únicamente por medio del escudriño de las escrituras. 

Estos tiempos no son para retroceder. Son para afirmarnos. 

El apóstol Pablo escribió: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).

Fortalecernos significa permanecer en la Palabra, cuidar nuestra familia, vivir en santidad y no negociar nuestras convicciones. No respondemos con odio, pero tampoco con silencio cobarde. Respondemos con verdad y con amor.

Nuestro señor Jesús también dijo: Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo (Mateo 10:22).

La persecución no es señal de derrota. Es señal de pertenencia. Si el mundo rechaza lo que creemos, es porque nuestra fe no está alineada con el sistema de este siglo, sino con el Reino de Dios.

No es tiempo de avergonzarnos.

No es tiempo de adaptarnos.

No es tiempo de enfriarnos.

Es tiempo de afirmarnos.

Cuando vemos burlas contra Cristo, recordemos que Él también fue mofado. Cuando vemos ataques contra la familia, reafirmemos el modelo bíblico en nuestro hogar. Cuando la sociedad celebre lo que Dios llama pecado, mantengámonos firmes sin odio, y sin concesiones.

La Palabra nos anima diciendo: No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (Romanos 12:21).

No venceremos gritando más fuerte, sino viviendo más firmes. No venceremos odiando, sino permaneciendo fieles. No venceremos cediendo, sino perseverando.

Que lo que hoy vemos no debilite nuestra fe, sino que la fortalezca. Que cada burla sea un recordatorio de que Cristo viene pronto. Que cada ataque nos impulse a orar más, a enseñar más, a amar más y a permanecer más firmes.

Si estos son los últimos tiempos, entonces que nos encuentren despiertos.

Que nos encuentren fieles.

Que nos encuentren firmes.

Porque, aunque el mundo cambie, aunque las modas pasen, aunque la presión aumente,

La Palabra de nuestro Dios permanece para siempre.

Y nosotros también permaneceremos firmes con Él. – Que Dios te Bendiga.

El equipo de la VM-Ar

Todo eso lo compartimos por el contexto de lo ocurrido en Brasil en el Carnaval de Río de Janeiro 2026, donde una escuela de samba presentó una comparsa titulada “Neoconservadores en conserva”, representando a familias cristianas tradicionales dentro de latas, lo que generó un fuerte debate sobre la fe, los valores bíblicos y el respeto a la familia.

Buscar