
Los que habían creído eran de un corazón y un alma
Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma.
(Hechos 4:32)
A las personas que tienen una relación muy estrecha entre sí, se aman y se entienden muy bien se les suele describir como personas que tienen “un solo corazón y una sola alma”. Estas conexiones son inseparables: uno defiende al otro y ambos buscan un equilibrio armonioso para evitar conflictos. Este modismo de origen bíblico describe una imagen ideal en nuestras relaciones interpersonales.
Sin embargo, en los inicios del cristianismo, este dicho era más que un ideal: era una realidad: los primeros cristianos formaban una comunidad de personas de diferentes orígenes, posiciones y caracteres. Pero gracias a su fe común en el Señor Jesucristo, pudieron superar estas diferencias. Se aseguraron de que nada perturbara la paz de esta comunidad. Quienes los rodeaban podían ver que estaban obedeciendo al mandamiento de Jesús que había proclamado poco antes de su muerte: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (Juan 13:35).



