Devocionales

 

¡Gloria a Dios!
¡Él puede guardarnos sin mancha!

 

Y a Aquél que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único sabio Dios Salvador nuestro, sea gloria y majestad, dominio y potestad, ahora y siempre. Amén (Judas 24-25).

¡Muchos cristianos están esperado que el mundo mejorare gracias a la fe cristiana! Es cierto que el Evangelio, al difundirse ampliamente, ha tenido a menudo un impacto positivo en las sociedades. Sin embargo, la Biblia no predice que el mundo será transformado por los creyentes. Al contrario, la Biblia, muestra que la verdadera fe en Cristo será gradualmente distorsionada y rechazada... La apostasía (el abandono de la fe) es lo que caracteriza los tiempos actuales, los últimos tiempos (compara con Mateo 24:4-14). La apostasía evidentemente ha entrado, como nunca antes, en el mundo cristiano, ha crecido en su seno y será juzgada a la venida del Señor (Judas 14-15). Hoy en día, las iglesias se enfrentan cada vez más a falsas doctrinas “cristianas”, que llevan a este abandono de la fe.

Es en este contexto donde encontramos las magníficas palabras de alabanza al final de la carta de Judas. ¿Por qué? Porque Dios tiene el poder suficiente para guardar a los creyentes de caer (véase Hebreos 7:25). Y si Él tiene el poder y la voluntad de guardarnos, también posee otro poder: el de presentarnos «sin mancha» ante Él para el día en que estemos en la gloria del cielo —y hacerlo «con gran alegría»—: ¡una plenitud de gozo, tanto nuestra como Suya!

Es nuestro privilegio regocijarnos en la fe en nuestro Dios ahora mismo, y cada día demos gloria a Él.

A Ti, Jesús, nadie se compara,

pues solo Tú eres la verdad;

todo en tu adorable Persona es

amor, grandeza y belleza.

Fuente: La Buena Semilla, fr., 30 de agosto de 2026, Redactión: VM-Ar.

Reflexionando

Ciertamente la Biblia nos advierte en múltiples partes de la apostasía, las recaídas, los falsos maestros, falsos cristos, falsos profetas, falsos apóstoles, etc. Debemos constantemente orar los unos por los otros, y por nuestros líderes.

Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán (Mat 24:4-5). 

Querido, hermano, querida hermna, te recomiendo leer y releer este pasaje: Jud 4-23 acompañando la lectura con mucha oración y discernimiento. Aplícándolo a tu propia vida, tomando las decisiones necesarias y procurando ponerlo en práctica de manera similar cuando asistes a tu iglesia o a otra iglesia. No tengas vergüenza ante Dios al asumir las consecuencias que correspondan a tu propia vida y anima también a otros cristianos a hacer lo mismo, buscando siempre tu propio bien espiritual y el bien de los demás para que toda la gloria sea par Dios. 

Que utilicés cuando asistes a tu iglesia o a otra iglesia los mismos criterios. Con el conocimiento adquirido y a la luz de las Escrituras, tendrás las herramientas necesarias para discernir y para aplicar las doctrinas bíblicas y para evaluar si una iglesia se mantiene espiritualmente sana.

 Y éste es el mensaje que oímos de Él, y os anunciamos; que Dios es luz, y en Él no hay ningunas tinieblas. 

Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 

mas Jn 1:5  Y éste es el mensaje que oímos de Él, y os anunciamos; que Dios es luz, y en Él no hay ningunas tinieblas. 

1Jn 1:6  Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 

1Jn 1:7  mas si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 

1Jn 1:8  Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 

1Jn 1:9  Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 

1Jn 1:10  Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.  Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 

Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (1. Juan 1:5-10)

Jud 1:3  Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros tocante a la común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos a que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 

Jud 1:4  Porque ciertos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antes fueron ordenados para esta condenación, hombres impíos, que cambian la gracia de nuestro Dios en libertinaje, negando al único Señor Dios, y a nuestro Señor Jesucristo. 

Jud 1:5  Quiero, pues, recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de la tierra de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.  

Jud 1:6  Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que dejaron su propia habitación, los ha reservado bajo oscuridad en cadenas eternas para el juicio del gran día.  

Jud 1:7  Como Sodoma y Gomorra, y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que ellos, habiéndose dado a la fornicación e ido en pos de carne extraña, fueron puestas por ejemplo; sufriendo el castigo del fuego eterno.  

Jud 1:8  De la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y maldicen a las potestades superiores.  

Jud 1:9  Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando acerca del cuerpo de Moisés, no se atrevió a usar juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.  

Jud 1:10  Pero éstos maldicen las cosas que no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como bestias brutas.  

Jud 1:11  ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y por recompensa, se lanzaron en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.  

Jud 1:12  Éstos son manchas en vuestros ágapes, que banquetean con vosotros, apacentándose a sí mismos sin temor; son nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;  

Jud 1:13  fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas erráticas, a las cuales está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre. 

Jud 1:14  De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor viene con decenas de millares de sus santos,  Jud 1:16  Éstos son murmuradores, querellosos, andando según sus concupiscencias; y su boca habla palabras infladas, adulando a las personas para sacar provecho. Jud 1:15  para ejecutar juicio contra todos, y convencer a todos los impíos de entre ellos, de todas sus obras impías que han cometido impíamente, y de toda palabra dura que los pecadores impíos han hablado contra Él.  

Jud 1:16  Éstos son murmuradores, querellosos, andando según sus concupiscencias; y su boca habla palabras infladas, adulando a las personas para sacar provecho.  

Jud 1:17  Pero vosotros, amados, acordaos de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;  

Jud 1:18  de que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvadas concupiscencias.  

Jud 1:19  Éstos son los que se separan a sí mismos, sensuales, no teniendo el Espíritu.  

Jud 1:20  Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,  

Jud 1:21  conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.  

Jud 1:22  Y de algunos tened compasión, haciendo diferencia.  

Jud 1:23  Y a otros salvad con temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo incluso la ropa que es contaminada por su carne. 

Hermanos, no seáis niños en el entendimiento; sino sed niños en la malicia, pero hombres en el entendimiento (1Co 14:20).

Examinemos todo como el Apóstol Pablo nos enseña Examinadlo todo; retened lo bueno en 1Tessalonicenses 5:21.

 

 

¡Qué Dios te bendiga ricamente!  Alberto

 

 

 

Aprender la obediencia

 

Jesucristo aunque era Hijo (de Dios), por lo que padeció aprendió la obediencia

(según Hebreos 5:8).

 

Todos los padres se dan cuenta de que la obediencia no es innata. Un niño debe aprender a obedecer, y sus padres se lo enseñan por su propio bien. Un niño que nunca ha aprendido la obediencia tendrá dificultades para aceptar la autoridad e integrarse en la sociedad. [Hoy vemos las terribles consecuencias de la falta de obediencia por doquier.]

 

 

¡Creo!

Creo en Dios. Desde hace mucho tiempo, he sentido esta atracción hacia Él, intuitivamente, sin conocerlo. 

Creo que Él es el Creador. ¡Cuántas veces, en medio de prados y bosques, mirando al cielo, tan hermoso y misterioso a la vez, he visto su mano, su poder y su sabiduría!

Creo en Jesucristo. Él es esa luz divina que poco a poco ha iluminado los rincones oscuros de mi vida, disipando las dudas, iluminando mis esperanzas y estableciendo una claridad duradera en mi interior.

Creo que Jesucristo vino a la tierra para revelar el amor de Dios.

 

 

De donde surge la verdadera alegría:

Del Jardín de la Resurrección

 

El primer día de la semana, María Magdalena fue por la mañana al sepulcro, cuando aún estaba oscuro; y ve quitada la piedra de la entrada del sepulcro (Juan 20:1).

 

Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, le dijo en hebreo: ¡Rabboni (que significa: maestro)! (Juan 20:16).

 

Fue en un jardín [el Jardín de Edén, cuando Adam y Eva desobedecieron a Dios] donde el pecado y la muerte irrumpieron en nuestro mundo. También en otro jardín, arrestaron a Jesús. Finalmente, en otro jardín más fue colocado su cuerpo, después de su muerte (Juan 19:41). ¿Serían los jardines siempre testigos de la tristeza y la muerte?



Los que habían creído eran de un corazón y un alma

 

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma.

 (Hechos 4:32)

 

A las personas que tienen una relación muy estrecha entre sí, se aman y se entienden muy bien se les suele describir como personas que tienen “un solo corazón y una sola alma”. Estas conexiones son inseparables: uno defiende al otro y ambos buscan un equilibrio armonioso para evitar conflictos. Este modismo de origen bíblico describe una imagen ideal en nuestras relaciones interpersonales.

 

Sin embargo, en los inicios del cristianismo, este dicho era más que un ideal: era una realidad: los primeros cristianos formaban una comunidad de personas de diferentes orígenes, posiciones y caracteres. Pero gracias a su fe común en el Señor Jesucristo, pudieron superar estas diferencias. Se aseguraron de que nada perturbara la paz de esta comunidad. Quienes los rodeaban podían ver que estaban obedeciendo al mandamiento de Jesús que había proclamado poco antes de su muerte: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (Juan 13:35).

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