
El veredicto del tiempo:
Viktor Orbán tenía “razón desde el principio”
Raimond Ibrahim, el 4.2.2026
Como investigador y escritor interesado en cuestiones perdurables más que en asuntos pasajeros —cuestiones relacionadas con la historia, la religión, la filosofía, la cultura y las continuidades y conflictos de las civilizaciones— rara vez presto atención a las declaraciones de los políticos occidentales. Efímeras por naturaleza, suelen ser clichés vacíos de contenido, [recordándonos que El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24:35), una verdad que contrasta con la fugacidad del discurso político contemporáneo.]
De ahí el fenómeno Donald Trump. A diferencia de la mayoría de los políticos estadounidenses, hablaba con franqueza sobre asuntos sustantivos que importaban a los estadounidenses comunes [y de muchos otros países occidentales] —y por ello fue amado (y odiado)—, [confirmando que la claridad pública siempre divide, pues, Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mateo 10:32-33).]
Pero hay otro político que llamó mi atención por la misma razón incluso antes que Trump: Viktor Orbán no hablaba en lugares comunes, sino en términos civilizatorios, y expresaba mayor preocupación por el bienestar de su nación que por decir “lo correcto” y seguir de manera irreflexiva la línea de la Unión Europea, [entendiendo que, como declara el salmista, Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí (Salmo 33:12).]



