Devocionales

La perspectiva del fin del mundo generalmente ha sido – y lo es -  un tema rodeado de incertidumbre y asociado con el terror. El comienzo de un siglo ha sido a menudo precedido por un pánico colectivo. Luego la vida reanuda su curso normal. Las “profecías” dirigidas a tal evento fueron causas de bromas para unos y de un verdadero sobrecogimiento para otros. Hoy en día, las conclusiones de algunos científicos expertos, sobre el estado del planeta y la posibilidad de una catástrofe que podría destruir la humanidad entera, no son nada alentadoras.

(Dios) Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Luego se alegran (los marineros) porque se apaciguaron; y así los guía al puerto que desearon (Sal 107:29-30).

Un poeta Inglés escribió: "Yo soy el dueño de mi destino, yo soy el capitán de mi alma". 

Esta es una persona fuerte, dirá usted. El futuro, en la tierra y más allá, no le asustan; es el único maestro de a bordo. Sin embargo, no mucho tiempo después, este escritor perdió a su hija de cinco años, y estaba abrumado por el dolor. Y a medida que se acercaba el final de su vida, no ocultó su desesperación. 

Un terremoto es a menudo devastador. Golpea unos segundos, dejando poca o ninguna posibilidad de escapar. Y aun, si uno conoce las zonas de riesgo, no podemos predecir un terremoto o hacer algo contra sus efectos.

En la Biblia, Dios a veces utiliza este fenómeno de los terremotos para ejecutar su juicio. Coré y sus seguidores fueron tragados por la tierra, que se abrió bajo sus pies, cuando se rebelaron en contra de Moisés (Números 16). Los terremotos son también parte de los terribles acontecimientos - descritos en el libro de Apocalipsis (cap. 6: 12; 8:5; 11:13) - que sobrevendrán en la tierra. Dios nos muestra que será imposible intentar escapar de su ira, el día cuando su paciencia se haya terminado.

¿Está el mencionado proverbio bien arraigado en la mente de las personas?

Basta con mirar las filas de gente en algunos quioscos de periódicos en los días que se informan los resultados de los juegos de azar, para hacernos muchas preguntas.

¿Vio alguna vez estas pintadas sobre las paredes? “¡Ningún futuro!” Es así como algunos jóvenes expresan su decepción y su angustia.

Queda claro que el mundo no gira en redondo. Los optimistas incondicionales prometen la pronta llegada de la felicidad terrestre. Pero hoy, ¿qué ofrece este mundo, junto a sus progresos tecnológicos y un bienestar material mal distribuido? Injusticias, desempleo, contaminación, droga, terrorismo, sectas, incomprensión recíproca entre generaciones…

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