Devocionales

Hay camino que al hombre parece derecho; Empero su fin son caminos de muerte. (Proverbios 14: 12)

Como el ave que se apresura al lazo, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasó su hígado. (Proverbios 7:23)

Todos nosotros hemos escuchado alguna vez acerca de estas plantas carnívoras que, por su olor o la vivacidad de sus colores, atraen a los insectos, los encierran dentro de la flor y los digieren gracias a sus jugos venenosos. Esto nos hace pensar en todas las seducciones a las cuales el hombre moderno está expuesto.

Palabras de Jesucristo: “El hombre no vivirá de pan solamente, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4).

Por medio de las distintas noticias estamos informados acerca de la situación triste en la que se encuentra nuestro Planeta Tierra. Catástrofes, destrucción del medioambiente, guerras, rumores de guerras, revueltas, terrorismo, globalización, crecimiento del satanismo, falsos cristos, movimientos apostatas dentro del cristianismo, un aumento de persecución, etc., tal como Jesucristo lo profetizó en Mateo 24. Queremos hoy plantear la pregunta si todavía podemos experimentar la felicidad.

Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían (Hechos 16:25).

¡Regocijaos en el Señor siempre! (Filipenses 4:4).

"¡Regocijaos en el Señor siempre!" Este consejo parece poco realista. ¿No está por demás la palabra "siempre" en este texto? Hay momentos en la vida donde el gozo cristiano es natural y espontáneo. Pero también hay tiempos en la vida cuando uno se encuentra con la enfermedad, el sufrimiento, el dolor, la persecución y preocupaciones de todo tipo. Regocijarse en este tipo de situaciones parece sobrehumano.

Jesús dijo: “Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mateo 5:44).

En Estados Unidos, en la época de la esclavitud, un agricultor duro y sin corazón tenía un esclavo cristiano. Un día, este agricultor le dijo:

La Biblia nos enseña que nuestra vida física está en nuestra sangre: “Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Génesis 9:4). La Biblia también nos enseña que nuestra vida espiritual y nuestra vida eterna dependen de la sangre, la sangre de Jesucristo.

Nuestro corazón bombea sangre a una velocidad aproximada de un metro por segundo. Esto significa que cada célula roja de sangre realiza un viaje circulatorio completo, desde los pulmones, y vuelve en sólo un minuto. Pero nuestro corazón no es la única parte trabajadora de nuestro sistema circulatorio. Nuestros glóbulos rojos – que son células sin núcleo - viven sólo cerca de cuatro meses. Al final de su existencia, un glóbulo rojo ha realizado más de 170.000 viajes a los pulmones para llevar oxígeno a todas las partes de nuestro cuerpo.

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