¡Oh, Dios! ¡Perdóname!

 

¡Oh, Dios! ¡Perdóname!

En el capítulo 9 del Evangelio de Juan Jesús había sanado a un ciego quien inmediatamente se transformó en un valiente testigo de este milagro. Luego los fariseos lo cuestionaron repetidas veces; él respondió:

Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? (Juan 9:27) 

Recuerdo un episodio que aconteció hace varios años cuando conocí a Ralph Newman en Inglaterra. Compartíamos mucho de nuestro tiempo libre. Pasábamos noches en las discotecas. Vivíamos exclusivamente para nuestro placer, sin preocuparnos por Dios, ni por su amor, ni por lo que le agrada a Él. 

Una noche conversábamos  sobre el nuevo predicador de la iglesia local y tuvimos la siguiente conversación: 

-Es un buen tipo, dijo Rendall, quien era mecánico. -¿Cómo? ¿Un buen tipo?,-  exclamó Ralph - ¿Te vas a volver religioso? 

-¡Cuidado, Newman! ¡El predicador también podría persuadirte a ti!,- respondió Rendall.

-¿Cómo?, -vociferó Ralph - … ¡Yo, Ralph Newman en la Iglesia! ¡Ni pensarlo!

Luego hizo todo tipo de comentarios desagradables sobre el predicador, enojándose cada vez más.

Pero el mecánico dijo tranquilamente:

-Es fácil insultar a alguien a sus espaldas. Si realmente eres un tipo honesto, ven a la iglesia y, después de la reunión, dile lo que piensas de él.-

Ralph dudó. ¿Se arriesgaría a atacar públicamente a un hombre que era respetado en todo el pueblo?

-Ralph, ¡no eres tan valiente como pretendes!, - bromeó su amigo. Pero Ralph no quería admitirlo, y exclamó:

-Si nos vamos todos a la iglesia el domingo, le diré en la cara a ese joven payaso que él no hace más que decir palabras piadosas, pero que él mismo no cree lo que predica… - 

¡Al final todos aceptaron ir! 

Dice el necio en su corazón: No hay Dios.  Se han corrompido, hacen obras abominables;  No hay quien haga el bien (Salmo 14:1). 

Y dijo [Dios] al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia (Job 28:28).

Todo el pueblo conocía nuestro plan. El domingo la iglesia estaba totalmente llena. El predicador mencionó el texto: *_“Dice el necio en su corazón: No hay Dios”*_ (Salmo 14:1). Luego habló sobre la crucifixión de Jesús:

 El Hijo de Dios fue clavado en una cruz como un criminal. La gente se burló de él… Luego vino un soldado romano y le abrió el costado con una lanza. De la herida salió sangre y agua. Para los creyentes de todos los tiempos, esta escena suscita adoración: el amor infinito de Dios dando a su Hijo, respondía al colmo de la maldad del hombre. La sangre que salió de la herida de Jesús muestra que Cristo murió por mis pecados. ¡Todo pecador puede ser lavado por esta sangre! 

La predicación terminó; todo el mundo miraba a Ralph Newman. Pero este no se movía. De repente Ralph se levantó y gritó:

-¡Oh, Dios, perdóname! Yo soy ese soldado, ese pecador.-

-Yo crucifiqué a Jesús porque lo detestaba.-  Hubo un silencio total. Unos minutos después Ralph hablaba con el que había dado el mensaje. 

A partir de ese domingo, Ralph fue otro hombre. Se trasladó a Londres. Cuando se iba, le pregunté: ¿por qué ese cambio tan radical? 

-¡La crucifixión de Jesús! Cuando se habló del soldado que abrió el costado del Señor Jesús con una lanza, y de la sangre que purifica nuestros pecados, ¡tomé conciencia de mis propios pecados!-

Ralph no los minimizaba. La escena de la crucifixión le hizo comprender el precio que fue pagado para perdonar sus pecados.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16). 

Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 3:2).

Fuente: La Buena Semilla; Edicion: Vm-Ar.

Hermanos, la Misión La Voz de los Mártires – Argentina, los invita a compartir este mensaje a sus familiares y amigos, aun a los que todavía no conocen a nuestro señor Jesucristo, para que ellos puedan enterarse del camino a la vida eterna que Dios nos ha regalado, en su infinita misericordia.

Dios los bendiga y que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo, esté con todos nosotros.

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