La mejor arma: la oración

Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones (Salmo 107. 19)

Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer (Génesis 25:21)

Humanamente queremos aliviar o más aún, evitar el sufrimiento. Queremos forjar presiones políticas, influir por medio de publicaciones, realizar campañas escribiendo cartas e inundar (ahora en el tiempo de internet) el espacio virtual con e-mails, videos y fotos en las redes sociales. Esto no es necesariamente malo, pero veamos un ejemplo acerca de lo que hicieron nuestros hermanos en la fe en el tiempo cuando la iglesia cristiana nació:

El rey Herodes había apresado y maltratado a varios cristianos, e hizo morir a filo de espada al apóstol Santiago. Viendo que eso agradaba al pueblo, Herodes siguió adelante e hizo también detener y encarcelar al apóstol Pedro (Hechos 12:1-4). ¡Dieciséis soldados lo custodiaban!

Los creyentes, enterándose de esto se movilizaron; no para preparar un plan de fuga o presentar denuncias ante el tribunal, ni para organizar una campaña publicitaria, sino que se unieron para orar a Dios con fervor y sin cesar.

Sin conocer el final de esta situación se podría pensar que este esfuerzo no daría resultado, puesto que el rey planeaba proceder al día siguiente a la ejecución de Pedro; delante de todo el pueblo y en ocasión de una fiesta. Ahora bien, esa noche, un ángel enviado por Dios libera a su siervo de las cadenas. Pasan juntos delante de los soldados; luego el ángel sencillamente abre las puertas de la prisión y lo deja solo a Pedro, quien va directamente al lugar donde los creyentes estaban todavía orando. Ellos, incrédulos, ¡no creyeron que el Señor había respondido sus oraciones! (Hechos 12, lea todo el capítulo).

Muchas veces sucede que Dios no responde sino hasta el último momento las oraciones de sus hijos. Quiere probar su fe, mostrarles su poder, y afianzar su confianza en Él.

La oración colectiva se basa en una promesa maravillosa: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19).

Tal como en el caso de Pedro, hoy en día hay situaciones donde Dios envía ángeles para librar a sus siervos: por ejemplo, de las manos de potenciales asesinos musulmanes. Y Dios también, sin nuestro esfuerzo evangelístico, habla en lugares donde no hay ningún predicador, y lo hace con voz clara y audible, por ejemplo, a musulmanes que buscan sinceramente al Dios verdadero; y de esta manera ellos son salvos tal como nosotros.

Oremos unidos para que sucedan tales milagros en los lugares a donde es imposible que lleguemos de manera personal.

Oremos para que nuestros hermanos perseguidos sean protegidos y liberados y que los perseguidores se conviertan a Jesucristo.

Oremos por los cristianos de Nigeria, Indonesia, la India, Somalia, etc. donde están sufriendo por causa de la persecución islámica e hinduista.

Pero oremos también por situaciones que resultan de catástrofes naturales, donde nuestros hermanos en la fe también se encuentran afectados y para que les llegue el auxilio necesario.

Fuente: La Buena Semilla, redacción: VM-Argentina, 1.9.2022

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