Mi camino hacia Dios

Testimonio de la ex Unión Soviética

 Durante toda mi juventud, la cual pasé en la antigua Unión Soviética, leí muchos libros que iban en contra del cristianismo. Pero cierto día una pregunta se clavó en mi mente como un dardo: Si Dios no existe, ¿por qué se hacen tantos esfuerzos para luchar contra él? En nuestra sociedad comunista todo el sistema (la escuela, los medios de comunicación, la ciencia, las artes…) va en contra de toda religión. ¿Y por qué los cristianos, a quienes ponemos al margen de la sociedad, permanecen en sus convicciones y en su paz? Yo sabía de lo que hablaba porque tenía ante mí el ejemplo de mis propios padres, quienes eran unos cristianos fieles.

Cierto día decidí acompañarlos a una reunión cristiana, pero durante toda la reunión me preguntaba cómo se podía orar a alguien a quien no se veía. ¡Me parecía absurdo! Pero a pesar de ello no dejaba de hacerme preguntas. Seis meses más tarde escuché nuevamente a un predicador cristiano, y mis pensamientos no dejaban de dar vueltas en mi cabeza. Pensaba: Si me convierto, tendré que renunciar a todo. Perderé a mis amigos, mis estudios, una buena posición… Cuando me puse de rodillas, las lágrimas se deslizaron por mis mejillas… Pero no lloraba por lo que iba a perder, sino porque ahora era consciente de que Dios me amaba. Clamé a él y le pedí que por favor perdonara mi incredulidad.

¡Y Dios me respondió! Ahora ya sabía que Dios existía. También sabía que Jesús era mi Salvador y Señor. H. R.

Si este consejo o esta obra (es decir el naciente movimiento cristiano) es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios (Hechos 5:38-40). Esta frase sabia pronunció un fariseo llamado Gamaliel en un concilio contra dos valientes testigos y predicadores del Evangelio (lea todo el relato en Hechos 5:17-42).

Fuente: La Buena Semilla; Redacción: VM-Ar

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La Voz de los Mártires” es un ministerio internacional dedicado a servir a la iglesia perseguida. Fue fundado por Richard Wurmbrand a finales de 1960 como “Misiones cristianas para el mundo comunista”. Wurmbrand sufrió en su país natal catorce años de tortura y encarcelamientos por su fe por parte de los comunistas.

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