
Reflexiones sobre el “famoso argentino”: Dante Gebel
[Dante Gebel es un comunicador, conferencista, escritor y conductor de televisión argentino radicado en Estados Unidos, ampliamente reconocido por su estilo motivacional, cercano e informal. Nacido en Billinghurst, Buenos Aires, en 1968, comenzó su camino dentro del ámbito evangélico desde joven, inspirado por experiencias familiares y su participación en una iglesia de su localidad natal. Durante la década de 1990 alcanzó gran notoriedad en Argentina al liderar multitudinarios encuentros juveniles en estadios de fútbol, conocidos como “Superclásicos de la Juventud”, que reunían a miles de personas.
Con el tiempo, su popularidad trascendió el ámbito religioso gracias a sus programas de radio y televisión, caracterizados por mensajes de superación personal y humor. En 2009 se trasladó a Estados Unidos, donde trabajó con la comunidad hispana en California y posteriormente fundó la iglesia River Church en Anaheim. Además de su labor como predicador y conferencista internacional, Gebel desarrolló una destacada carrera en los medios de comunicación con programas como La noche de Dante y La Divina Noche de Dante, que le valieron el premio Martín Fierro 2023 como Mejor Presentador de Televisión. Fuente: Wikipedia]
Hay algo que Jesucristo deja muy claro: la tibieza espiritual no es algo pequeño ni algo sin importancia. En Apocalipsis 3:16 dice: pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Es una imagen fuerte, pero necesaria. Dios no está hablando de alguien abiertamente incrédulo, sino de alguien que dice creer, pero cuya vida y convicciones no lo reflejan.
En Argentina hoy vemos por medio de la polémica en las redes sociales y en la televisión a un “pastor cristiano” que pretende ser candidato presidencial, el cual cuando se le pregunta, si es pastor, niega serlo y expresa que muchos dicen eso es para bajarle el precio.
Cuando se le pregunta sobre temas sensibles como el aborto, o el matrimonio entre personas del mismo sexo, D. Gebel prefiere guardar silencio o dar respuestas ambiguas. ¿Será porque teme el rechazo, la crítica o perder la aprobación de los muchos? ¿O sólo quiere quedar bien con todos? Pero eso, en términos espirituales, es algo cómo querer servir a dos señores.
Queremos dejar en claro que no compartimos sus enseñanzas ni su doctrina. Esperamos de un cristiano que mostrara firmeza en expresar convicciones que demuestren su base en la Biblia ya que hace muchos años se presentó domingo tras domingo en un púlpito para “predicar la Palabra de Dios”. Jesús fue directo cuando dijo en Mateo 6:24: Ninguno puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas. El principio es claro: el corazón no puede estar dividido. No podemos decir que seguimos a Cristo y, al mismo tiempo, moldear nuestras convicciones para agradar al mundo.
La Palabra de Dios nos llama a algo muy diferente. Romanos 12:2 dice: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. Esto implica que nuestras ideas, valores y posturas no vienen de la cultura o de la moda del momento, o de la influencia de los medios masivos, sino de la verdad revelada por Dios. Y esa verdad, aunque muchas veces no sea popular, no se puede cambiar jamás.
Ahora bien, ser firmes en nuestras convicciones no significa ser arrogantes o duros. La Biblia también nos enseña a hablar la verdad en amor (Efesios 4:15). Pero debemos entender que el amor a la verdad bíblica nunca nos permite negar la verdad y la verdad bíblica es eterna. Callar lo que Dios ha dicho, por miedo o por conveniencia. Eso no es amor; es simplemente desobediencia.
El problema de la tibieza no es solo lo que decimos, o dejamos de decir, sino esto revela el contenido de nuestro corazón. Jesús dijo en Lucas 6:45 que de la abundancia del corazón habla la boca. Si siempre vamos a estar evitando afirmar lo que creemos, quizás no es solo temor al hombre, sino una fe débil, o una convicción débil, que no ha producido raíces profundas en nuestras vidas.
Examina tu corazón. Pregúntate si estás buscando más la aprobación de Dios o la de los hombres. Gálatas 1:10 lo explica de una forma muy clara: ¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? … Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Ser fiel a Cristo tendrá un costo. Puede traer incomodidad, rechazo o malentendidos. Pero también es el camino de la verdadera vida. Jesús dijo en Lucas 9:23: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. No hay discipulado sin negación propia, y eso incluye negarnos a esa necesidad constante de agradar a todos. Cada cristiano está llamado a ser fieles a la verdad de Dios. Y esa fidelidad se ve, especialmente, cuando más las situaciones se ponen más difícil.
Que el Señor nos conceda corazones firmes, humildes y valientes no importa si se trata de situaciones privadas o políticas. No es para pelear con el mundo, sino para no diluir la verdad bíblica. No es para condenar a otros, sino para discernir la verdad y mentira, y para honrar a Aquel que nos salvó.
Porque al final, no daremos cuenta ante la opinión pública, sino ante Dios. Y en ese día, lo que de verdad importará no será si caímos bien a alguién, sino si le fuimos fieles al único y verdadero salvador, Jesucristo.
No queremos condenarlo a Dante Gebel, ya que la última palabra la tiene Dios.
Mientras estemos vivos tenemos oportunidad de arrepentirnos y eso sí es parte de nuestro esfuerzo, de orar por él y por muchos cristianos que hoy en día permanecen tibios, sin convicción y que creen que llamarse cristianos, es suficiente; y que cuando se nos pide “…estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;” 1 Pedro 3:15, responden con ambigüedades o que defender nuestra fe es algo muy religioso y que Jesús es solo amor y paz.
Oremos para que el cuerpo de Cristo madure, este verdaderamente puro, firme, y que esté dispuesto a llevar día a día su cruz. Que nuestra fe esté edificada en la Roca para que ningún viento pueda moverla. (Fuente: amigos de la Voz de los Mártires – Argentina, 25.4.2026 )
En resumen: que clamemos a Dios para que podamos,
con el verdadero Espíritu Santo de Dios,
discernir cualquier doctrina o enseñanza falsa
y también cualquier pastor, apóstol, líder falso.
Obedezcamos la enseñanza bíblica pura y clara
para nuestro bienestar espiritual
Un hermano de San Luis, Argentina hizo el siguiente comentario:
Hablando de Dante Gebel. Talvez alguien le ha aconsejado hablar en términos "políticamente correctos". Pero si es así se ha pasado de la raya, estimo que es más que ambigüedad su opinión sobre el aborto [falta mencionar también la ideología de género; el matrimonio es una institución sagrada de Dios y lo desprecia aceptando y el casamiento del mismo sexo]. Es tibieza, conveniencia, y traición a los principios más sagrados del evangelio.
Tengo gente en la congregación que lo sigue. Yo nunca lo escucho, tal vez debería hacerlo. Evangelizar a toda la Argentina con un mensaje amputado no es evangelizar. Ya bastante tenemos con los países occidentales que no permiten ni siquiera orar en público para no ofender a quienes piensan distinto.
Es la expresión misma de la fe, las creencias y principios cristianos los que están en juego. Importante es la manera como nos jugamos por ellos, para transmitir esa fe a las próximas generaciones.
El Señor tenga misericordia de nosotros.
Frente a las polémicas declaraciones de Dante Gebel, a las cuales miles de cristianos se han adherido, queda claro que es necesario volver al fundamento bíblico del amor y la verdad
Lamentablemente, vivimos en una época donde el ser humano se ha vuelto prácticamente intocable, y donde cualquier exposición de la moral de Dios es vista como intolerancia, creo que la comodidad sentimental se ha convertido en un nuevo ídolo. Ahora exponer la verdad incluso con amor, suele ser etiquetado como fariseísmo o falta de compasión, cuando, en realidad, el silencio jamás ha sido amor bíblico.
La verdadera transformación nunca nacerá en la comodidad emocional ni en el silencio cobarde, sino cuando la verdad de Dios llega a la conciencia y produce un arrepentimiento genuino.
Amar verdaderamente a alguien no consiste en ocultarle su pecado para no incomodarlo, sino en anunciarle la verdad con gracia, para que pueda ver su necesidad de Cristo. Cuando Jesús dijo: “No juzguéis”, no estaba anulando todo juicio moral; Jesús prohibió el juicio hipócrita. De hecho, más adelante, Él mismo declara: “Juzgad con justo juicio” (Jn. 7:24).
Dios no envió a Su Hijo para que contempláramos la cruz de manera meramente sentimental, sino para revelar Su santidad, Su justicia y la gravedad del pecado. La cruz no minimiza el pecado: demuestra cuán severamente Dios lo condena y cuán gloriosa es Su gracia para salvar a quienes se arrepienten y creen.
Pastor Juan Camilo Tovar, 9.5.2026
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