De donde surge la verdadera alegría: Del Jardín de la Resurrección

 

 

De donde surge la verdadera alegría:

Del Jardín de la Resurrección

 

El primer día de la semana, María Magdalena fue por la mañana al sepulcro, cuando aún estaba oscuro; y ve quitada la piedra de la entrada del sepulcro (Juan 20:1).

 

Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, le dijo en hebreo: ¡Rabboni (que significa: maestro)! (Juan 20:16).

 

Fue en un jardín [el Jardín de Edén, cuando Adam y Eva desobedecieron a Dios] donde el pecado y la muerte irrumpieron en nuestro mundo. También en otro jardín, arrestaron a Jesús. Finalmente, en otro jardín más fue colocado su cuerpo, después de su muerte (Juan 19:41). ¿Serían los jardines siempre testigos de la tristeza y la muerte?

 

María Magdalena se encuentra, pues, en este último jardín, aquella mañana de Pascua. Sorprendida ve la piedra quitada de la entrada a la tumba: el cuerpo de Jesús ya no está... Llora y permanece “afuera” (Juan 20:11), como afuera de la posibilidad de la resurrección anunciada, pero Jesús no está lejos de la mujer a quien la había liberado [de multitud de pecados]. Pero, Jesús, muy cerca de ella, la llama por su nombre, de la misma manera como había llamado a Lázaro para devolverle la vida [quien estaba ya muerto en una tumba]. María en seguida reconoce esta voz, y se da cuenta de que Jesús está vivo. ¡El jardín de la muerte se convierte en el jardín de la vida!

 

Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, le dijo en hebreo: ¡Rabboni! (Juan 20:16).

 

En aquella mañana, casi 2000 años atrás, en la Pascua judía, cuando Jesús es quien se presenta como el gran vencedor de la muerte, ¿permaneceremos como María, prisioneros de nuestra desesperación, de nuestro cansancio, de nuestras faltas quizás, como si la muerte tuviera la última palabra? ¿Tenemos nosotros, como ella, el deseo de buscar verdaderamente al que libera hasta llamarnos por nuestro nombre? Por eso, que la alegría de la Pascua, de aquel día quiere llegar a nosotros, que nos llene a cada uno, tal como somos y donde sea que nos encontremos. Esta alegría de la Pascua es el triunfo de la vida. ¡Es Jesús quien nos da esta verdadera alegría!

Fuente: La buena semilla,fr., 5.4. 2026; Redacción: VM-Ar

 

El sólo precio es: reconocer nuestros pecados,
renunciarlos
y creer en Jesús:

 

Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35

 

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí
tiene vida eterna
. Juan 6:47

 

El que cree en mí, como dice la Escritura,
de su interior correrán ríos de agua viva.
Juan 7:38

 

Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Juan11:25

 

Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí,
sino en el que me envió;
Juan 12:44

 

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago él también las hará; y mayores que éstas hará,
 porque yo voy a mi Padre.
Juan 14:12

 

Entonces podemos orar como David:

Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio,
 y me ceñiste de alegría.

Por tanto a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.
 Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.
 
(Salmo 30:11-12)

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