
Aprender la obediencia
Aunque era Hijo, Y aunque era Hijo (de Dios), por lo que padeció aprendió la obediencia
(Hebreos 5:8).
[Jesucristo] … se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8).
Todos los padres se dan cuenta de que la obediencia no es innata. Un niño debe aprender a obedecer, y sus padres se lo enseñan por su propio bien. Un niño que nunca ha aprendido la obediencia tendrá dificultades para aceptar la autoridad e integrarse en la sociedad. [Hoy vemos las terribles consecuencias de la falta de obediencia por doquier.]
Cuando Jesucristo vino al mundo como hombre, en forma de un niño pequeño, la Biblia dice que aprendió obediencia. ¿Deberíamos pensar que su voluntad era contraria a la de Dios? No, para Jesús la obediencia tenía un carácter diferente. De hecho, él era el Hijo de Dios, y nunca había estado en una situación de tener que obedecer a alguien, ¡porque nunca había tenido nadie que tuviera autoridad sobre él! [Salvo la autoridad de Dios y con este Dios Padre Jesucristo estaba unido en un solo espíritu, el Espíritu Santo – ver más abajo]
Pero, habiendo asumido la naturaleza humana, Jesucristo experimentó la condición de hombre que, como tal, debe someterse a Dios y al orden que él estableció en su creación. Esta obediencia fue mostrada por primera vez por Jesús hacia sus padres a quienes estaba sujeto (Lucas 2:51). Y, sobre todo, eligió obedecer a la voluntad de su Padre, y dejar de lado la suya; cuando aceptó, después de una dolorosa batalla espiritual, cargar sobre sí la culpa de nuestros pecados (Lucas 22, 39-46).
Él obedeció de buena gana, mientras que nosotros a menudo obedecemos bajo presión. La razón y el propósito de su obediencia era simple y clara: “para que el mundo sepa que amo al Padre, y como el Padre me ha mandado, así hago” (Juan 14:31). Jesús aprendió la obediencia, la obediencia hasta la muerte, a través del sufrimiento. ¡Qué amor por su Padre y por nosotros!
Fuente: La Bonne Semence 1.8.2026;
Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste (Juan 17:21).
Reflexionando
Cómo puedo saber si estoy lleno del Espíritu Santo
Galatas 5:16-26 – escrito por el apóstol Pablo:
16 andad en el Espíritu; y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
17 porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no podáis hacer lo que quisiereis. 18 Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, desenfrenos, y cosas semejantes a estas; de las cuales os denuncio, como también ya os denuncié, que los que hacen tales cosas, no heredarán el reino de Dios.
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias.
25 si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.
26 no nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.
Hoy vemos las terribles consecuencias de la falta de obediencia por doquier. Las familias están destruidas sistemáticamente, los niños están instruidos por maestros que enseñan cualquier cosa menos la necesidad de someterse a la Palabra de Dios. En las universidades se forman comunistas y socialistas. Aún en muchas iglesias reina el caos. ¡Esto también es persecución de los cristianos!
Donde están los cristianos llenos del verdadero Espíritu Santo, quienes se arrodillan orando y clamando a Dios.
¿Cómo se recibe al Espíritu Santo? Aquí no quiero entrar en discusiones. Examínese cada uno releyendo las obras de la carne y los frutos del Espíritu – así vas a saber si estás verdaderamente lleno del Espíritu Santo.
Jesucristo le dijo a Nicodemo: Tienes que nacer de nuevo. Y Pablo nos recuerda: De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). El Espíritu Santo transforma nuestra mente nuestro corazón como dice Hebreos 8:10: Dice el Señor: Pondré mis leyes en sus mentes, y sobre sus corazones las escribir – de esta manera vamos a obedecer a la voluntad de Dios, sin quejas ni murmuraciones, sino de buena voluntad que sale de nuestro corazón. ¡Esto es la obra del Espíritu Santo!
Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén. (Galatas 6:18)
Alberto